Entre la necesidad de vender y la autenticidad que nos hace humanos, la escritura narrativa se halla hoy sin un tinte moral que la defina: es usada por todos y para múltiples propósitos, desde el más sublime al más mercantilista. En este artículo, el narrador Javier Guédez nos presenta su lectura de la narrativa transmedia en el panorama actual, para que sepamos dónde estamos y ante qué quimera nos enfrentamos.

Durante la edición de este texto, tuvimos que luchar contra los dragones del SEO (para que puedas encontrar este artículo en Google). Gran parte de nuestro tiempo fue invertido entre balancear los requerimientos de algoritmos misteriosos y darte un texto legible a ti, como inteligencia humana y silvestre. Solo tú podrás determinar si alcanzamos o no el justo medio. Si terminas de leerlo hasta el final, ¡probablemente lo logramos! 

Los comentarios al pie de imagen de este artículo son escritos por Naufragia, a modo de diálogo.

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Los procesos históricos avanzan rápidamente, son ahora muchísimo más veloces que en cualquier época del pasado. Como es su costumbre, vienen acompañados del riesgo de las tecnologías inmaduras, pero en definitiva, no hacer nada es mucho más peligroso, como plantearía el historiador Yuval Harari ante este dilema.

Si miramos con curiosidad, nos damos cuenta que este tiempo de supervivencia y rompimiento de viejas tradiciones de tejido social, reclama que sigamos el instinto atávico de nuestras ansiedades narrativas, para recordar cómo van las cosas en el mundo y de qué manera decidimos gestionar la angustia, hacer reverencias espirituales o administrar las escalas del placer. Así ha sido desde un principio, esta es la forma de instalarnos en el presente, porque no hay manera de que, siendo individuos o especímenes, pudiéramos salvarnos de tener una historia que se escribe a sí misma mientras vivimos. Estamos hechos de eso, no tenemos remedio. «Nadie», dice Pascal, «muere tan pobre que no deje nada tras de sí».

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La pareidolia  es un fenómeno psicológico donde un estímulo vago y aleatorio (habitualmente una imagen) es percibido erróneamente como una forma reconocible. Recuerda a la figura retórica del calambur.

Lo que está llegando como muestra de los nuevos rasgos de lo narrativo, más allá de sus intenciones temáticas, tonos, soportes y formatos, o de los procesos creativos desde donde se producen, se trata de un mito que se viene actualizando desde hace siglos, y que aspira a convertirse en una experiencia total, que acaparará toda la atención. La gran batalla se ha centrado siempre en ver cómo se puede utilizar ese medio en nuestro beneficio, y no en contra de la vida. A pesar de que por algún momento pareciera que estuviéramos alumbrando una catástrofe, al enfrentarnos a las dolorosas contradicciones estructurales inherentes a la situación humana y al drama que acosa a la conciencia. Hay maneras de pensar que aún no conocemos. Nada podría ser más emocionante que un conocimiento que apenas se retuerce antes de comenzar su nacimiento. El arte será un paradigma más o menos astuto que servirá para regular y conciliar estas contradicciones. Como señalaría Susan Sontag:

«Este nacimiento engendra una ansiedad y un desasosiego espiritual que no se pueden apaciguar».

 

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Si creemos que todo cuenta y que la vida es el primer cuento que es verdad, entonces podríamos afirmar que la historia de Carl Von Hagen, reconocido naturalista capturado y devorado por caníbales en Papúa Nueva Guinea, alrededor del año 1900 es totalmente cierta, al igual que la de un iceberg descongelándose en la Patagonia, una raya gavilán salvando la bahía de Chesapeake durante el verano, dos Supertierras con posibilidades de vida en el espacio interestelar, la amenaza de los quinces volcanes de los últimos años, y hasta la actividad microbiana de los horizontes del suelo tienen el mismo valor narrativo con el solo hecho de estar «ahí», en alguna parte donde espera ser imaginada. Nuestro juego está en leer el mundo, observar, curiosear, identificar patrones, coleccionar, escuchar atentamente, como si la vida dependiera de ello.

La cuestión se centra en cómo nos atrevemos a sublimar esa forma de la existencia mediante la escritura narrativa, y de qué herramientas, soportes, formatos, estructuras, géneros, enfoques, artificios poéticos y narrativos nos hacemos para convertirla en una experiencia valiosa, irrepetible y merecedora de ser contada.

Bird Nest. Nido de pájaro.

Fotografía © Naufragia, Yuliana Guédez Forgiarini (2017). «Nido de pájaro».

A través de artificios poéticos, que se pueden utilizar tanto en lo visual como en la escritura narrativa, podemos lograr una mayor expresividad con lo que contamos.

Todo se puede contar pero no todo está bien contado

«¿Cómo contar una historia?» no es una pregunta que se pueda contestar de una sola manera ni con una formula prescrita, lo único que sí es seguro, es que si la historia que queremos contar no emociona, entonces no cuenta. Es por eso que debemos diseñar un mundo como si se tratara de los mecanismos de un reloj, con leyes y reglas funcionales, prácticas, que permitan generar un espacio de confianza, libertad y verosimilitud para que surta efecto en la relación directa que se tiende entre el autor y el lector. Nuestra tarea es recrear una imagen como si fuera la semilla de un universo y contar a partir de esa fuerza que intenta invocar la unión entre lo visible y lo invisible.

A pesar de que existen patrones referenciales, estructuras formales y teorías literarias que hablan sobre la escritura narrativa en sus diferentes géneros, y con las que se han venido contando la mayorías de las historias que hemos consumido desde que nacimos, el hecho concreto es que éstas, a lo largo del tiempo, han venido cambiando; su naturaleza es mutable y por eso siguen vivas. Lo que no permanece fluye, es así como las posibilidades son tan infinitas como las audiencias o lectores.

Las fronteras que separan los géneros, se vienen transgrediendo con mucha intensidad prospectiva, y por tanto, los cambios se mantienen cada vez más afianzados en los procesos creativos. Recordemos que lo que al principio parece inhumano y provoca rechazo, con el tiempo se convierte en algo llevadero, normal y hasta poético.

Por ejemplo, lo transgenérico, lo fragmentario, el collage, el síndrome de las teleseries, es una característica que se mueve cerca, así como la narrativa transmedia, las fanfiction, el mashup, el cut up de obras literarias clásicas o como parte de diseño de estructuras narrativas no lineales, la interesante motivación hacia los protagonistas no humanos, o las obras sobre la historia de la ecología, lo mineral, lo planetario con un tratamiento más allá de la escritura técnica, sino tocando profundamente lo literario, como es el caso del libro: El Subsuelo, de Wolfe David o Ecología oscura de Morton Timothy, o los libros interactivos sobre arte de Keri Smith, la autora de Destroza este diario y La sociedad errante.

el subsuelo escritura narrativa transmedia
keri smith escritura narrativa transmedia

La narrativa transmedia y los modelos de negocios

Hay un fenómeno propio de esta época de la narrativa transmedia y de la cultura de las terapias, entre otros temas como el porno web, el coaching ontológico o el marketing digital, con el que nos toca lidiar a diario, pero no creo que sea necesario profundizar en esto solo para cuestionar terminologías y sistemas de producción, sugiero que lo hagamos con una intención más constructiva:

Sabemos que si eres escritor, cineasta, fotógrafo, artista plástico debes contar una historia; y si eres yogui, vendedor de tequeños, fabricante de delantales, psicopedagoga, también debes contar una historia para meterte en la candela, sino, pareciera que un camión 750 lleno de oportunidades te pasara por encima, aunque esto no quiere decir que nos ciñamos a la exclusividad de las redes sociales como espacios promocionales y de debate en torno a nuestro trabajo.

Todos los días el teléfono celular y los dispositivos electrónicos nos abarrotan de mensajes, troles, haters e historias encriptadas. Una marca consagrada de whisky o de ropa deportiva no puede desaprovechar este momento para humanizar su producto (así no lo sea), contando la historia de sus consumidores y de las personas que están detrás del negocio, como si en realidad se tratara de una familia excéntrica en busca de un destino favorable.

Finalmente, si se trata de una ONG con fines educativos y humanitarios, todo comenzará a circular sobre el storytelling para el cambio social, dejando a un lado las estadísticas alarmantes o sus intenciones voluntariosas de transformar la realidad, y dedicándose con mucha fuerza a darle rostro a una historia de resolución de conflicto, con el ánimo y fin último de atraer, seducir, impactar en las audiencias potenciales, nos han obligado a hacerlo de esta manera. Las inteligencias no humanas están marcando esa pauta.

En la actualidad estamos siendo perseguidos por millones de narrativas de marca en su angustia de mantenernos pegados, para poder monetizar iniciativas comerciales, emprendimientos o por pura histeria y narcisismo en otros casos. Algunas veces vulgares, estereotipadas, efectistas, edulcoradas y otras veces redondas, bien logradas, funcionales. Deambulan como contrabandistas en el infinito hospital de la información y el internet. Cada marca se hace de sus patrones narrativos y estándares estéticos, lo cual ha traído como consecuencia la incursión cada día mayor de oficios como el copywriting, el storyteller con proyección de narrativas de negocios, el community manager o especialidades en escritura SEO.

Hay un señalamiento desolador que hace Frédéric Beigbeder en su libro 13,99 Euros:

«Su deseo ya no les pertenece, les impongo el mío, yo soy quien decide hoy lo que les gustará mañana. No tomes a la gente por tonta, pero nunca olvides que lo es».

Las audiencias han cambiado con el tiempo, los medios, las formas y las mentiras también.

yoga escritura narrativa transmedia
desigual narrativa de marca
desigual_narrativa de marca

Desigual utiliza su narrativa de marca para conectar con una audiencia bohemia, afín al yoga y el mindfulness. Emplea la mentira retórica de la originalidad para expresarse a una masa de personas afines con los valores de rareza y espiritualidad ecléctica.

Ethos y pathos

Entendemos que la historia es la secuencia lógica de lo que se va a contar, y la narración será el cómo y a través de que artificios y modos lo vamos a contar. He visto grandes historias en la voz de oradores principiantes y ésta lastimosamente se ve disminuida, en cambio pequeñas historias anecdóticas, con escasos recursos de tensiones narrativas o polarización de fuerzas entre personajes, en la voz de esplendidos contadores de cuentos y ésta resalta con brillo propio, permitiendo así la apelación a la emociones de la audiencia, significa que el impulso emocional de la comunicación ha sido efectivo, gracias a las maniobras de la representación de la historia.

Lo que quiero decir es que no hay pequeños proyectos de historias, de cualquier lugar puede desprenderse un fabuloso universo narrativo con códigos auténticos. Todo se concentra en la afinada observación que tengamos y el tratamiento que le demos, de qué herramientas nos aprovechamos para potenciar su esencia, sus atmósferas, la construcción de los personajes, en qué tono narrativo decidimos contarla, considerando que la voz del narrador tiene tanta importancia, que no siempre es necesario que se escuche.

Para contar una historia se entrena todos los días, hay que consumir clásicos y escrituras emergentes en todos los soportes y formatos posibles, hay que vivir a toda costa y llevar registro de cada experiencia como un arqueólogo de nuestra memoria, de nuestras ruinas, permitiendo que la capacidad de asombro permanezca latente.

Imagina que estás recorriendo un mapa visible que recubre territorios invisibles. Desde un insecto disecado hasta el velorio de un árbol de granadas puede estar sujeto a un hecho artístico y de ser narrado, hay que hacerlo como si estuviéramos defendiéndonos de la soledad en la que vivimos, y no solamente como una vocación, profesión o talento. En algún momento toda esa acumulación se convertirá en algo útil, no hay que desesperarse.

Corita Kent plantea que un artista nunca se aburre, porque observa y guarda todo, no rechaza nada. Permitamos que el aburrimiento se convierta en un eslabón del futuro narrativo. Nuestra percepción del mundo puede verse alterada por algo tan sencillo como el ángulo desde el que elijamos verlo. Cualquier lugar puede ser un punto de partida. Empieza donde estés.    

Algoritmos en diálogo con la escritura narrativa

Procuro cierto temor, al evidenciar ese gesto encubierto de la inteligencia no humana con la que hemos empezado a hablar desde hace algún tiempo: Alexa, Siri, Erika, el feed de Google, los robots de Spotify, YouTube, etc. Esas tecnologías conocen muy bien de persuasión. Imitan de manera incipiente a la conciencia, pero todavía no tienen la capacidad de amar y de sufrir, sin embargo, una vez que son creadas, tienen la capacidad de andar por su propia cuenta y en muchos casos logran auto actualizarse. Existe ahí un nuevo método de manipulación, desarrollado a través de técnicas de crecimiento acelerado para modificar el comportamiento humano, con el cual se está narrando nuestro tiempo y cuyos fines no se basan en ningún asidero ético, sino exclusivamente financieros.

Por donde quiera nos vigilan e intentan engancharnos con cualquier símbolo que aparente normalidad, todas estas maniobras son diseñadas con un fin último: mantenernos la mayor parte del tiempo pegados a la pantalla. Estamos rodeados de la fugacidad y sus dominios mágicos. Esta configuración de lo social y del desplazamiento de las ideas irá dando forma a nuevas intenciones narrativas.

La respuesta al cómo contar una historia está en todas partes.

¡Hola, Siri!

Los formatos y soportes hasta ahora convencionales seguirán existiendo en su medida, sin embargo, hoy se desglosa un número inimaginable de posibilidades que también pertenecen al universo de las experiencias narrativas potenciales, a las cuales tenemos que mirar con detenimiento para aprender a darles el mejor uso, o al menos, convertirlas en un canal efectivo de comunicación. Es hora de comenzar a hablar desde la experiencia y no solo desde el sesgo del pasado, al que ahora queremos meterle mano de manera desaforada, como si quisiéramos falsificar la historia.

Algunos de los formatos y soportes con los que somos captados como presas fáciles:

  • Un meme aniquilador autoproclamado virus, cuya esencia comunicativa puede llegar a ser muy seria,
  • Los diarios intimistas, histéricos, narcisos y nostálgicos de las redes sociales,
  • Redes internacionales de videojuegos, y narrativas interactivas,
  • Los Cam Two Cam,
  • La cultura glitch y la apología de los algoritmos
  • Las conferencias por Zoom,
  • Los bufos videos de Tik Tok,
  • Netflix y sus encantamientos seriales,
  • Las mil caras del streaming,
  • Las Stories, los feeds, las publicidades en IG
  • La IA y el aprendizaje automático
  • Amazon,
  • Las notas de voz encadenadas a las noticias falsas
  • Un grupo de WhatsApp saturado de ofertas gastronómicas,
  • Los canales de YouTube y el cúmulo de anuncios,
  • Los podcasts sobre enfermedades raras,
  • Sitios web de crónicas del fin del mundo o de hiperrealismo psicodélico,
  • Talleres, cursos, conferencias, masterclass, nudes en línea.

Aquí también estamos contando, la gran diferencia está dada en el uso y tratamiento de cada una de las plataformas, donde la audiencia ya no solo se trata de un espectador pasivo como lo hemos visto en el pasado con los medios tradicionales, sino que interactúa de manera constante, contribuye en el proceso creativo de las historias y se sumerge en ellas como si fuera parte de su desenvolvimiento, como un mecenas o un lector que tiene la oportunidad de opinar en tiempo real sobre cualquier contenido. En muchos casos, adueñándose de personajes para expandir sus historias en nuevos escenarios, es así como éstas líneas dramáticas originarias comienzan a jugar a nuevos roles, enfrentando otras aventuras, creando múltiples universos, al acceso de millones de consumidores, que guardan las mismas ansias de descubrimiento y transformación.

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La fugacidad actual se traslada a la variedad de soportes, dando lugar a la lectura transmedia.

El ecosistema de la narrativa transmedia

La narrativa transmedia sigue abriendo lugar a las nuevas formas de contar y permitir que las historias se reproduzcan, desplegándose en todos los soportes desde diferentes perspectivas, como si se tratara de un ecosistema vegetal donde cada especie tiene su rol y su importancia para que funcione como una unidad viva.

El ejemplo más evidente de narrativa transmedia como ecosistema es la ramificación de la historia de Star Wars, igualmente en otra escala, todo lo que sucede alrededor de la producción audiovisual de Twin Peaks de David Lynch o lo que parece ser el caso de la serie: Breaking Bad. Lo importante es ir otorgando interdependencia narrativa y sentido de amplio espectro a la historia que decidimos contar.

Habrá quienes utilicen estas herramientas como generadores creativos y mecanismos comerciales de sus propuestas de valor, llámese un libro, un juego de video o un servicio de formación o consultoría, y otros que quisieran generar contenidos desde y para ese tipo de recursos de difusión y posicionamiento, teniendo en cuenta sus aplicaciones y usos para que las historias puedan tener mayor impacto.

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Abrirte al descubrimiento te permitirá crear, como lo hizo Chuck Palahniuk al crear la novela de Fight Club, que inspiraría la película de culto.

Cosechadores de historias

Nunca creamos ni inventamos nada, solo descubrimos, como era la actitud de los griegos frente al hecho artístico, a diferencia de la percepción del poeta, que era el único que tenía la capacidad de traer un nuevo mundo a la vida. Quien conocía estas normas y luego las aplicaba era un artista. Somos los recolectores (ver el documental del mismo título de Agnes Varda), cosechadores de historias como piensa Chuck Palahniuk, el autor de la célebre novela Fight Club.

No pretendamos hacernos juicios anticipados sobre tratados o teorías de la originalidad o creatividad cuando estemos a punto de iniciar un proyecto narrativo, buscarse ahí es perderse. La creatividad en el arte no solo es imposible, sino indeseable.

Hay que fingir hasta lograrlo, imitar lo que le hable al alma, tomar prestado de todas partes o robar como Jim Jarsmuch o Salvador Dalí, dejar que puedas hacerte de algo propio, donde ya no seas el eco de tus héroes y heroínas sino su forma intensa de mirar las cosas, desde tu experiencia única. Los Beatles comenzaron como una banda de covers, Ringo Star tenía un doble que lo suplía en cada concierto cuando se enfermaba, por lo tanto, tenemos el campo abierto para explorar, cualquier lugar es bueno para empezar.

Walter Benjamin decía:

«Si se puede reproducir una historia preservándola de explicaciones, ya se logró la mitad del arte de narrar».

Así que, no nos obsesionemos con responder a las preguntas que surgen siempre en el proceso de la narración y en la historia misma, tratemos en su defecto de dejarlas entrar en el juego hasta que su propia naturaleza nos vaya conduciendo a sus parajes desiertos, recovecos o pasillos siderales, lo que no es una garantía de respuestas o clarividencias, sino una forma de aliviadero y no de contención.

 

fogata escritura narrativa transmedia

A veces, las respuestas pueden venir en forma de sublimaciones o sentimientos. No siempre explicarlo todo es la mejor ruta.

El arte hasta cierto punto es un asidero de preguntas prendidas en el ímpetu de una hoguera. Hay que aprender a dejar preguntas, a veces todo calza, en otras oportunidades nada coincide, finales abiertos, plot twist radical, clímax insuficiente, tramas saturadas, argumentos fallidos, excesos de estilo, ritmos antinaturales, lirismo sonajero. Muchas veces la historia cambia sin razón aparente y eso nos preocupa, no queremos dejar cabos sueltos. En cualquiera de los escenarios siempre nos quedarán las preguntas. La narración es una suerte de arte donde se subliman o exaltan las preguntas y lo inmenso es poder verlas transfigurarse.

Al construir historias siempre quedarán preguntas sin responder, cosas sin mostrar, terrenos quebradizos, hipertextos, deslumbramientos, silencios, pausas, superposiciones, descansos. Puntos de fuga, razones inconexas e inexplicables y eso es lo que hace muchas veces a una buena película o un buen libro su razón de ser un verdadero organismo vivo, real.

Alan Pauls, el novelista argentino, tiene la costumbre de acudir por ejemplo a las novelas imperfectas, donde lo que se cuenta no está tan calculado ni intenta responder a demasiadas preguntas de manera implacable. Prefiere ver el descosido de las historias, la trampa hecha indudable, los cruces de géneros, las estructuras inestables que muestran sus errores con naturalidad.

Hay quienes prefieren los momentos reposados, las historias que parece que no cuentan nada importante, que filtran la cotidianidad como un trayecto aparentemente desprovisto de interés, ocultando la explosión, conteniéndola, o de igual manera quienes no pueden leer otra cosa distinta a las historias con pulsiones agresivas, punzantes, clásicas en estructura a lo Dickens, donde se busca que el ritmo cardíaco del lector o el espectador sea sometido a las más agitadas contracciones. Hay de todo y para todos.

A veces intentamos escribir lo que quisiéramos leer, pero no siempre funciona así, en ocasiones escribimos lo que podemos. La primera versión de un texto es un mal necesario. Impublicable la mayoría de las veces, como diría Leila Guerriero. Un Chamán del Alto Putumayo tenía una frase para sintetizar ese momento en el que te encuentras con tu primera creación: «No importa que sea fea pero que sea tuya»

Antes de ponernos en marcha es preciso estimular la imaginación con momentos de ocio prolongado, ineficientes, desde un artículo sobre los neurotransmisores hasta las nuevas freidoras de aire, procurando que en el balance sean más las buenas historias que las malas, aunque todas tengan su propósito. Jugar con diferentes registros, ejercitarse en la heteronimia, meterse al fondo de las cosas como quien intenta pescar una idea en la marea interminable, sentir el placer de que siempre habrá alguien que lo haya hecho mejor y muchísimo antes que tú.

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javier guedez

javier guédez

Narrador, licenciado en ciencias ambientales, director creativo de La Kuentonáutica.
Premio Nacional del Libro de Venezuela (2014). Ha recibido reconocimiento por sus cuentos: Puyero (2010), Komegato (2002) y la montaña amarilla (2004). Su material poético y narrativo se encuentra publicado en portales web de Venezuela, Argentina, Colombia y México.

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