El lado psicológico de los monstruos
El Sueño de la Razón Produce Monstruos. Goya. (1797- 1799).
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Alrededor del mundo, la tradición oral y escrita se llena de relatos que nos narran historias sobre seres extraños que se encuentran más allá del límite de nuestros paradigmas morales; personajes que se definen como versiones terribles de personas o animales, pero que al final suelen tomarse como un producto irreal, e incluso irracional, mas sin embargo nos muestra aspectos no muy agradables de símbolos que se hallan en nuestro interior… estamos hablando sobre el lado psicológico de los monstruos.

A pesar de la oscuridad que representa cada monstruo y de la farándula que les rodea, vale la pena cuestionarse hasta qué punto su creación es ficticia, cuál es su relación con hechos y trastornos reales más allá de las celebraciones y mitos populares; y cuál es la razón por la cual necesitamos de su existencia para explicar la nuestra, puesto que nos es difícil concebir un mundo en el que aquellos famosos monstruos no formen parte de nuestro imaginario.

“Los monstruos y mutantes han estado presentes desde el inicio, no solo en el cine, […] sino en los relatos en general. Recordemos La Odisea, un festín de seres fantásticos sucediéndose unos a otros durante cada una de las peripecias del buen Ulises.”

(Medina et al. 2011. 63)

Vampiros, Hombres Lobo, Ogros y un sinfín de nombres asociados a criaturas diversas, tienden a volverse la moda en fechas como Halloween, pero se mantienen en boga durante el resto del año en libros, películas y un montón de manifestaciones creativas que han surgido como inspiración a través del miedo: una emoción que se caracteriza por su alto nivel de irracionalidad.

La emoción del miedo suele representarse de modos realmente expresivos que obligan al hombre a demostrar su carácter de fragilidad, mostrándose vulnerable ante aquello que desconoce, por lo que muchas veces desarrolla características que solo hacen más evidente que, su miedo, es en realidad temor al miedo mismo; pero entonces, si realmente nos desagrada este lado tan caracterizado por ser negativo, ¿por qué nos causan tanta fascinación sus personificaciones?… ¿Por qué nos atrae el lado psicológico de los monstruos? 

El Aquelarre. Goya. (1823).

El lado bueno y el lado malo

La sociedad (y por ende sus individuos), cuelga de parámetros de todo tipo que se vinculan con niveles de estética, moral, religión y un montón de criterios construidos desde sus inicios en el planeta, que son brevemente abreviados con dos simples, pero sumamente subjetivas, palabras: el bien, y el mal, un tema discutido incluso por Sócrates en sus diálogos.

La concepción de lo que es bueno y lo que no, aunque suele variar según estándares culturales, creencias y épocas, generalmente mantiene ciertas características que le hacen ser parte de aquello que se considera correcto.

“Por ello dirá Musil que el hombre no sabe vivir sino según un orden. Ese orden proporciona horizontes de presuposiciones y normalidad, y se cohesiona en la tendencia identitaria de sus elementos”

(Bravo. 2005, p. 34)

De esta forma se ha generado aquello que considera propio. Pero, ¿cómo saber lo que es propio si no existe algo con qué compararlo?, no podríamos crear una visión de aquel modelo por el que se rige la sociedad, si no contamos con una faceta que nos muestre el lado “equivocado”.

 “El orden es la casa del hombre, el que permite el habitar, y el habitar, según Heidegger, es la condición según son los hombres. Y todo orden establece un límite, más allá del cual se expanden los territorios terribles de la diferencia y lo desconocido. El imaginario de los hombres, con las inflexiones propias de cada cultura, ha poblado esos territorios de dioses (a la vez divinos y monstruosos): dioses de la perfección y la belleza; monstruos del exceso, de la deformidad y la mutilación”

(Heidegger citado por Bravo. 2005. p 13)

Así pues, cada personaje recreado en el lado psicológico de los monstruos representa una muestra idealizada a seguir para el hombre; sin embargo, en ocasiones en busca de mostrar aquello que no deberíamos seguir, estamos mostrando realmente el aspecto que suele ser objeto de anhelo para muchos, pues representa lo prohibido, lo inmoral, lo arriesgado.

El lado psicológico de los monstruos

El Aquelarre. Goya. (1797 – 1798).

La monstruosidad de lo incorrecto

Como tantas veces los sucesos nos lo han demostrado, ningún hombre se apega estrictamente a las convenciones y paradigmas sociales; aunque convivir al borde de estos límites puede representar muchas veces una atracción irresistible que no siempre llega a concretarse, por lo que termina convirtiéndose en una fantasía que roza los bordes de lo que solo surge en la imaginación. Al ser concretada dicha fantasía, saca a la luz nuestros instintos más primitivos; y sin quererlo o desearlo, esto hace que un individuo jamás encaje socialmente.

Por supuesto, cabe destacar que no todas las barreras son consideradas tan terribles como para catalogar a las personas con adjetivos exagerados, pero existen aquellos limites vistos como algo tan grotesco que convierte a quien realmente les traspasa, en eso que llamamos monstruo.

“A veces actúa como un símbolo del control social para con los que pretenden salirse del sistema, otras veces simplemente como la representación de un desorden mental, de un trauma, o de un fetiche.”

(Medina et al. 2011. 16)

El lado psicológico de los monstruos

Vuelo de Brujas. Goya. (1798).

De esta forma, el lado psicológico de los monstruos suele representar ese papel de quebrantamiento social, jurídico o biológico que puede tornarse incontrolable por encontrarse fuera de los parámetros, y por tanto, suele causarnos miedo.

Lo nuevo, lo desconocido

Es entonces, cuando entendemos que es mayormente el temor a aquello desconocido lo que nos implanta una idea de rechazo a algo que vemos anormal para nosotros y nuestro contexto; ya que desde un punto de vista «objetivo«, es interesante pensar en el hecho de que no siempre la monstruosidad, a pesar de ser desagradable, deba ser producto de la maldad, y esto es un pensamiento que ha generado polémicas discusiones, tabúes y discriminación a lo largo de la historia.

Aun así, y a pesar de que el concepto del monstruo ha variado muchísimo con el tiempo, la mayor parte de aquellos seres monstruosos que han transgredido los espacios de nuestras peores pesadillas suelen sobrepasar el rango de lo trágico, siendo representados como un bestiario antinatural, aversivo y por supuesto, malo.

¿A qué se debe que el lado psicológico de los monstruos sea representado muchas veces como la maldad pura?, podríamos imaginar que sencillamente mientras para algunos la creación del monstruo es una forma de drenar necesidades anárquicas, para otros es un medio de protegerse y recordar que existe un lado oscuro, pues algunas de estas historias se apoyan en hechos un tanto verídicos que profundizan en la faceta más cruda de la mente humana que es ocupada hoy en día principalmente por asesinos o psicópatas.

Dos Viejos Comiendo Sopa. Goya. (1823).

Crónicas reales del bestiario

Ciertamente, muchas de las interpretaciones de la monstruosidad suenan enteramente fantasiosas, pero por increíble que parezca, la historia ha retratado anécdotas que se asemejan mucho a las personificaciones y que han formado parte de una especie de ciclo, en el que a partir de una anécdota se crea un monstruo, y a partir de dicho monstruo se generan nuevas anécdotas.

Muchas veces estas narraciones son producto de hechos o acciones de individuos particulares que van traspasándose a través de tradiciones orales, y que al ser estudiadas con el ojo actual pueden entenderse como ejemplos claros de trastornos mentales, neurosis y traumas que podrían incluso ser diagnosticados; terminando en un muy interesante perfil sobre el lado psicológico de los monstruos y su reflejo en la sociedad, pues nos hablan no solo de su protagonista, sino del contexto que le rodea y que permite su transformación en tan famosos personajes.

Algunos Relatos

 “El mito también se nutre de la enfermedad mental. Hombres que en una mala hora se inclinan por el asesinato y el canibalismo. De ahí surge la llamada “licantropía”, el delirio de sentirse en el cuerpo de un animal, que ha sido bien documentado por la siquiatría.”

(Medina et al. 2011. 62)

En este caso, habla el autor de los hombres lobo, que son considerados una pieza fundamental entre las más aterradoras historias en las que se demuestra cómo una neurosis puede ser perfectamente el punto de partida para las narraciones fantásticas, que en su profundidad ocultan toda una mezcla de contenidos subconscientes; pues se han registrado solo en Francia al menos unos 30.000 casos de ataques por licántropos.

“El mito del hombre lobo se alimenta de una variedad de pulsiones humanas. El lobo es símbolo de lo salvaje, de la naturaleza y, por tanto, de la sexualidad animal.”

(Medina et al. 2011. 62)

 

El lado psicológico de los monstruos

Saturno Devorando a sus Hijos. Goya. (1819 – 1823).

Por otro lado, al igual que con la licantropía, el lado psicológico de los monstruos puede verse expresado en menciones de otras enfermedades que llevan a cometer acciones asociadas con infanticidios, homicidios, y torturas que han dado pie a los aclamados ogros, cuyo antecedente real se encuentra en historias como las de Gilles de Rais (una terrible crónica bien documentada en los buscadores de la web), entre muchos otros casos un poco más actuales que han sido alguna vez conocidos; tal como sucede con el popular Vlad El Empalador, a quien pertenece la ejecución de la crónica que dio origen a los Vampiros.

Así entonces, vamos caminando a través de cada relato, porque la popularización de dichas anécdotas se mantiene vigente y perdura a pesar de los indiscutibles cambios sociales por los que atravesamos, en los que quizá el significado de una bruja o un vampiro ya no represente las mismas ideas de antaño, pero que más allá de sus modificaciones siguen siendo adjetivos asociados al lado indebido.

Los monstruos de hoy

Somos pues, las piezas de todo un complejo ensamblaje histórico en el que la definición de un lado (bueno o malo), es necesaria para subsistir; puesto que a pesar de que existen los grises, cada percepción es subjetiva y lo que para algunos se convierte en monstruosidad, para otros es solo una categoría estética más; pero que, a pesar de todo, socialmente debe ser juzgada.

Quizá, hoy en día la monstruosidad sea mucho más ligada a un modus vivendi en el que no se piensa en una cacería con antorchas para formar una hoguera en la que morirá una bruja; pero de cierto modo, la transformación de las metáforas se ha transportado a otras áreas, creando nuevos miedos y reconceptualizando ese aspecto tan polisémico de lo que es o no correcto.

Los monstruos siguen estando allí, porque para la sociedad siguen existiendo cosas inexplicables y aterradoras, un hecho que nunca cambiará. De igual manera, a pesar de que en ocasiones el lado psicológico de los monstruos y sus historias inspiran terribles sucesos y emociones; gracias a la cultura mediática y al pensamiento moderno, en la actualidad son muchos quienes les usan de forma revolucionaria, llevando al miedo como forma de inspiración.

Bibliografía:

Medina, J., Esponda, J., Contreras, Ó., Benites, C., León-Frías, I., Mego, A., Mejía-Salas, M., Armesto, J., Delgado, M., & Cabrejo-Cobian, J. (2011). Los mitos del miedo. Ventana Indiscreta, 0(006), 14-19, 61-66.

Bravo. V. (2005). El Miedo y la Literatura. Anales de la Literatura Hispanoamericana. (34). 13-17. 

Padilla. I. (2013). El Legado de Los Monstruos: Tratado Sobre el miedo y lo Terrible. Recuperado de: https://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=7bEvAgAAQBAJ&oi=fnd&pg=PT3&dq=monstruos&ots=5LsQQAk5aG&sig=jzz7WC-KZqSiOADNlrv2L7MxJR4#v=onepage&q=monstruos&f=false

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grecia celeste moreno

Soy una joven venezolana apasionada por el diseño, la imagen y la literatura como forma de expresión y comunicación, cuya carrera ha permitido generar en mí una constante búsqueda introspectiva, otorgándome la necesidad de desarrollar proyectos que generen un vínculo emocional empático e innovador a través de la constante investigación y profundo análisis filosófico y psicológico, apelando a la metáfora y la narrativa como formas de fortalecer los mensajes y crear conceptos sólidos.

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