In Voluptas Mors. Salvador Dalí/ Philippe Halsman. 1951
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Emocionarse, reír, disfrutar, relajarse, respirar profundo: Ceder ante un estado de ánimo positivo es el estándar común bajo el que muchos creerían que se asocia la creatividad, puesto que bajo los criterios científicos la inspiración suele ser motivada por los niveles de dopamina que son liberados durante momentos de placer. Es por ello que, cuando preguntas a alguien acerca de qué le motiva, su respuesta suele regirse por nombrar una serie de actividades que le agradan; sin embargo, si por el contrario le preguntases por aquello que le restringe, probablemente mencionaría el miedo, pues se cree que éste solo genera limitantes. Pero, ¿Qué pasaría si afirmásemos que es posible usar el miedo como fuente de inspiración?; podríamos plantear incluso, el hecho de que su alcance puede llegar a ser más poderoso de lo que se creería.

Así pues, ¿qué es aquello que diferencia al miedo de las demás emociones y su influencia en las cosas que creamos?
el miedo como fuente de inspiración
El Grito. Edvard Munch. 1839

El poder de las emociones humanas

Para dar pie a esta quizá extraña idea del miedo como fuente de inspiración, debemos mencionar que las emociones son una parte fundamental de nuestro acontecer diario, y en un gran número de oportunidades son ellas las que rigen las decisiones que elegimos en cada momento de nuestras vidas. Por supuesto, algunas personas suelen ser más susceptibles que otras, pero al final de cuentas todos tenemos por dentro una maraña de sentimientos que suelen expresarse de maneras distintas según nuestra forma de actuar y nuestras experiencias.

Existen variantes científicas que han estudiado a las emociones desde diferentes ángulos, llegando a delimitarlas y a crear teorías interesantes acerca de ello. De esta manera, las distintas posturas constatan que, aunque evadamos aquello que sentimos, no podemos esquivar la sensibilidad propia de nuestra naturaleza, pues es esta la que nos permite existir independientemente del contexto en que la enmarquemos.

En el campo de las ciencias positivas las emociones son mecanismos biológicos instintivos que se sustentan en procesos neuroquímicos y neurofisiológicos. Desde un punto de vista estructural son actividades que dan color a nuestra vida y nos ayudan a afrontar las dos tareas fundamentales de la existencia: buscar el placer y evitar el dolor

(Hurtado. 2015. P.264)

Emoción = Verbo

De esta forma, el recorrido de exploración sobre las emociones ha transitado la antropología incluso desde los pensamientos de Charles Darwin y su teoría evolucionista, en la que se concretan como parte indispensable de la comunicación y desarrollo humano; puesto que a pesar de que algunos caminos posteriores como el conductismo les han dado un papel secundario, hoy en día tras una perspectiva más humanista se constata su gran influencia; no solo en nosotros sino en aquello que nos rodea.

Las emociones son la matriz sobre la que se mueve la vida social, son tipos básicos de conductas relacionales sobre las que se da la comunicación necesaria para crear los diversos mundos culturales

(Fericgla, 2012. P. 2)

Así, cada emoción se transforma en un verbo. Generalmente se asocian las emociones positivas a acciones positivas, y las emociones negativas a acciones negativas: El amor como apoyo, la alegría como sonrisas… pero y ¿qué tal el miedo como fuente de inspiración?; nada implica que una idea calificada (quizá erróneamente) como negativa no pueda dar como resultado algo correcto o interesante.

Sin título 76. Beksinski. 1929-2005

Los matices del miedo

Solemos pensar en ésta como una emoción que sólo produce tensión y sufrimiento, por lo que su calificación siempre se ha encontrado en el lado oscuro de la palestra junto a la ira y la tristeza, en ese rincón que no nos agrada mirar y preferiríamos no sentir, en el que el miedo como fuente de inspiración no cabe.

Vemos al miedo como una experiencia negativa; buscamos el lado malo de la emoción porque cada vez que aparece en nuestras vidas nos genera frustraciones y nos muestra como sujetos frágiles y atemorizados; nos minimiza, nos restringe y se transforma en verbos que no nos agradan debido a que nos parece inconcebible mostrar nuestros lados más endebles ante una sociedad que nos critica, y, lamentablemente, muchas veces las angustias se graban en la mente con mayor facilidad que las cosas buenas. En pocas palabras, le tememos a tener miedo.

Y sí, de cierta forma la sociedad ha influido tanto en nosotros que realmente aquello que nos atemoriza es sólo la idea de errar, de que algo que desconocemos nos atrape, pues el temor no siempre se presenta de la misma forma; es una variación extensa que va renovándose con la historia, con la edad, con el contexto del individuo; y con la idea que su entorno tenga acerca del bien, el mal y la justicia.

Miedo es el nombre que damos a nuestra incertidumbre, a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que hay que hacer (a lo que puede y no puede hacerse) para detenerla en seco, o para combatirla, si pararla es algo que está ya más allá de nuestro alcance

(Bauman, 2007. p 193).

el miedo como fuente de inspiración
El sueño de la Razón produce monstruos. Goya. 1797

Los monstruos de los que huimos, al final, son constructos sociales que, si bien son aterradores, es importante preguntarse si verdaderamente pueden lastimarnos. Entonces ¿vale la pena temerle al miedo?, ¿qué es en realidad el miedo sino una capacidad de razonamiento?, una muestra del acontecer privado y social en la que divisamos aquello en lo que creemos y lo que nos rodea; pues obviamos el hecho de que estas emociones, por más difíciles que sean de procesar, no deben verse como limitantes; sino más bien como formas de expresión y liberación que pueden conducir a la evolución emocional.

Sentir miedo ante situaciones adversas es algo natural, pues desde el principio de los tiempos su existencia nos ha indicado la necesidad de cambio. Pero si bien es cierto que la mayoría de las situaciones de miedo nos llevan hacia la evitación, también pueden impulsarnos por una ruta que, luego de ser superada, nos trae una satisfacción mayor, es decir: , puede usarse el miedo como fuente de inspiración.

The Shinning (escena).Basada en el libro de Stephen King y producida por Stanley Kubrick. 1980. Imagen tomada de lawebdelacultura.com

La fragilidad como génesis

Más allá de las cavernas sociales a las que en ocasiones el miedo nos invita a huir, existe la posibilidad de hallar una luz que nos permita subsistir ante la adversidad, de ver el miedo como fuente de inspiración, evitar su negación y aprovechar aquello que creemos que nos hace débiles para crear cosas asombrosas. El poder que genera el miedo es exorbitante, pero solo si somos capaces de tomar en nuestras manos su contenido y transformarlo en el origen de nuevas cosas.

Los hombres no sólo somos proveedores de la materia prima con la que se alimentan estas máquinas del combustible pánico, somos asimismo los últimos consumidores de esa misma carga emotiva reelaborada ya con la pluma, ya con el pincel, ya con la cámara. Hemos desarrollado infinidad de artes y artefactos capaces, entre otras cosas, de convertir la pulsión pánica en un recurso renovable; sumamente inflamable y prácticamente inagotable para motorizar la historia.

(Padilla. 2013. P 10)

Existen numerosos ejemplos de personas que han aprovechado el miedo como fuente de inspiración para las bases de sus proyectos y creaciones, que, cabe destacar, no tienen por qué encajar precisamente dentro de la categoría estética de la belleza, sino que se muestran como una forma genuina de expresión de los más trágicos pensamientos; creando múltiples formas de interpretación cuyo contexto al ser conocido les aporta una mayor carga empática.

Algunas menciones

Grandes artistas como Van Gogh, Dalí o Goya fueron capaces de tomar sus más profundas entrañas y dejarlas plasmadas en obras que todos reconocemos y que han sido la base para posteriores creaciones que seguirán existiendo, renovándose y generando imaginarios que se observan hoy en día en toda clase de creaciones (cine, música, fotografía, literatura…).

“El miedo es algo bellísimo y he apostado mi carrera a ello. Es una emoción sublime, porque conmueve, provoca y despierta instintos. Además de que lleva a la reflexión.»

 (Guillermo del Toro. 2018)

Es así como esta emoción se muestra de forma bidireccional, puesto que no solo inspira al creador, sino que éste puede usarle como un método para provocar nuevas emociones en sus receptores, tal como lo demuestran autores de gran renombre como Guillermo del Toro, Beksinski o Stephen King. De hecho (y para nuestra propia desgracia), el miedo es uno de los recursos más utilizados como modo de coacción en publicidades, propagandas y todo tipo de medios de persuasión social.

  1. Saturno Devorando a su hijo. Goya. 1819
  2. El Laberinto del Fauno (escena). Dirección de Guillermo del Toro. 2006.

El nombre de nuestros miedos

Ahora, nuestro verdadero reto consiste en tomar aquello que es tan propio de nosotros, eso que guardamos muy dentro; y tomando como ejemplo las distintas posibilidades hasta ahora descritas, o pesando en aquellas que podemos forjar, reinventarnos.

Ciertamente, el camino para la superación de nuestros temores no es de seda, pero una vez que le delimitemos, será más fácil determinar un rumbo y ponerle un nombre y un verbo creador a cada sentimiento reprimido, puesto que más allá de todo aquel desenfreno de pretextos, paradigmas e imaginarios que nos rodean, la capacidad de expresarnos siempre nos pertenecerá.

En el carnaval del inferno mundo, donde fiesta y violencia se abrazan bajo la mirada del dios Pan, inventamos constantemente los espejos cóncavos de la ficción, ostentos y portentos que nos permitan ver sin reconocer abiertamente nuestro único rostro.

(Padilla. 2013. P 15)

Y, sin olvidar al sabio de Éfeso, Heráclito, podríamos conciliar en que al final vida y muerte, temor y amor, podrían formar parte de un todo que es la realidad, de la cual tomamos inspiración.

Si ellos dejasen de hacer la procesión en honor de Dionisio,
y de cantar el himno a las partes pudendas,
tal omisión sería sin duda juzgada de ‘suma irreverencia’:
mas en realidad Hades y Dionisio son un mismo dios,
por mucho que ellos deliren y celebren fiestas bacanales en honor de este último únicamente.

(Fragmento 50 (Marcovich) 15 (DK) de Heráclito)

 

Bibliografía:

Bravo. V. (2005). El Miedo y la Literatura. Anales de la Literatura Hispanoamericana. (34). 13-17.

Hurtado. A. (2015). Antropología del Miedo. Methaodos. (3). 262-275.

Padilla. I. (2013). El Legado de Los Monstruos: Tratado Sobre el miedo y lo Terrible. Recuperado de: https://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=7bEvAgAAQBAJ&oi=fnd&pg=PT3&dq=monstruos&ots=5LsQQAk5aG&sig=jzz7WC-KZqSiOADNlrv2L7MxJR4#v=onepage&q=monstruos&f=false

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grecia celeste moreno

Soy una joven venezolana apasionada por el diseño, la imagen y la literatura como forma de expresión y comunicación, cuya carrera ha permitido generar en mí una constante búsqueda introspectiva, otorgándome la necesidad de desarrollar proyectos que generen un vínculo emocional empático e innovador a través de la constante investigación y profundo análisis filosófico y psicológico, apelando a la metáfora y la narrativa como formas de fortalecer los mensajes y crear conceptos sólidos.

1 comentario en “El miedo como fuente de inspiración: ¿Podemos crear desde el temor?”

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