eres lo que piensas
Imagen del banco Pixabay, con edición posterior
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Eso que llamamos las maneras de sentir o las formas de expresarse son aquellas esencias que, para muchos, otorgan los rasgos de individualidad, definen la personalidad y nos dan un lugar en el mundo como seres distintivos e independientes. ¿De dónde provienen?: existe la idea de que eres lo que piensas sobre tu contexto, que esa es tu esencia. Entonces quizá no suene descabellado decir que, al cambiar esto, nos estaríamos cambiando a nosotros mismos. La pregunta es, ¿hasta qué punto?

Existen montones de formas de buscar una explicación a cómo actuamos y saber cuál es la influencia que cada norma social tiene en ello, por lo que han surgido teorías que nos hablan de quiénes somos, si somos únicos, y porqué razonamos de una u otra forma; pero estudiar cada una vendría siendo harina de otro costal.

Así, de entre las tantas opciones que nos ofrecen alternativas ante la duda de si eres lo que piensas, podemos guiarnos a través de la teoría que se describe a sí misma como la más objetiva y comprobable: la psicología cognitivo-conductual; que tiene resultados positivos comprobados mediante el método científico cuando es utilizada de forma terapéutica.

En un polémico debate acerca de si realmente somos nosotros quienes creamos los pensamientos a través de acciones o viceversa, la vertiente cognitivo-conductual ha mantenido la idea de que todo el comportamiento humano puede cambiarse si modificamos sus pensamientos acerca del entorno que le rodea; así pues, para llegar al inicio del asunto, ¿Qué es entonces, pensar?

Imagen del banco Pixabay, con edición posterior

Acción, Pensamiento y Reacción

La RAE, define a los pensamientos como un “Conjunto de ideas propias de una persona, de una colectividad o de una época.” (Diccionario de la Real Academia Española, 2018); sin embargo, pensar es una palabra que, más allá de su semántica, lleva sobre sí una carga mucho más amplia y abstracta; puesto que nos invita a preguntarnos cómo algo tan intangible puede modificar todo aquello que percibimos y hacemos real.

¿Cómo saber entonces, según la definición anterior, dónde acaba un pensamiento y comienza una acción?: si eres lo que piensas o en qué punto de ese pensamiento tú mismo controlas de dónde surge cada idea. Nos guiamos por el hecho de que muchas veces lo que creemos no pertenece enteramente a nosotros sino al mundo en el que vivimos…

En la psicología cognitivo-conductual (opuesta totalmente al psicoanálisis), se cree en el pensamiento como una reacción nata e instintiva, una convención que, al fin de cuentas, es uniforme; confiando en que no existe como tal la individualidad en términos de esencia y alma sino el resultado de un conjunto de respuestas hacia determinados estímulos que se acumulan. A partir de esto se desarrolla un nuevo método de terapia experimental que incluso hoy se usa para muchos casos de alteraciones emocionales:

“La TC (terapia de conducta) parte de la idea de que toda la conducta (adaptada y desadaptada) es aprendida y puede modificarse mediante los principios del aprendizaje.”

(Ruiz, Diaz, Villalobos. 2012)

Volvemos entonces a la pregunta inicial acerca de si son las conductas las que dicen quiénes somos, y qué tanto podemos cambiar si éstas son modificadas: ¿eres lo que piensas? – según este modelo, lo que expresamos parte solo de dos cualidades humanas principales que se mezclan en un ciclo repetitivo: la conducta, y la cognición.

Imagen del banco Pixabay, con edición posterior

Lo conductual y lo cognitivo (un paréntesis de contexto)

A partir de 1913 con una teoría de Watson, surge el conductismo, un modelo de análisis que propone que el hombre es igual a cualquier miembro de la especie animal, es decir, solo actúa bajo sus capacidades cerebrales y su instinto.

En este enfoque estudia al ser humano desde una perspectiva objetiva y científica que lo muestra como una parte muy pequeña dentro del universo, cosa que puede ser cierta, pero a la vez limita un poco la idea de quiénes somos. No se concibe como tal la existencia de una forma de pensar o sentir, sino solo una respuesta que no depende de nosotros, lo que significa que no hay característica que no pueda cambiarse con el entorno.

El problema es que esto fue considerado demasiado racional para estudiar algo tan subjetivo como el concepto de quiénes somos, pues nos hace ver como una serie de figuras de acción sacadas de un mismo paquete. Es por ello que más tarde, se anexa a ello la teoría del cognitivismo.

Esta nueva visión considera la cualidad humana del aprendizaje, preocupándose por la mente y por cómo cada escalón ayuda a crear niveles de conocimiento que se acumulan y determinan que eres lo que piensas, concluyendo que todas las conductas son realmente aprendidas mediante la percepción, la memoria y la inteligencia.

“El conocimiento proporciona a los seres humanos la base que les permite desarrollar una concepción o teoría acerca de sí mismos y del mundo y les proporciona también un medio para racionalizar y justificar su forma de percibir, pensar y actuar, sobre la cual orientan y apoyan sus decisiones.”

(José del Grosso, 1993, p. 17)

Así pues, ¿cómo usa el método cognitivo conductual nuestro entorno para cambiar el pensamiento y las acciones?, ¿tenemos o no una esencia propia que pueda alterarse?

eres lo que piensas

Imagen del banco Pixabay, con edición posterior

La modificación de la conducta

Existen muchos métodos basados en la teoría cognitivo-conductual con el fin de modificar comportamientos que, de acuerdo a esta línea de pensamiento, están allí como un hábito aprendido que la persona a tratar no siempre reconoce. Con la idea de que eres lo que piensas, se ataca entonces directamente al pensamiento acerca del asunto que te aqueja, o al asunto mismo, por lo que esto es clasificado como experimental.

De esta forma, hallamos anécdotas bastante curiosas en las que se menciona cómo antiguamente solían realizarse prácticas con lo que en psicología se llama “refuerzos negativos”, colocando por ejemplo arañas muertas en las botellas de las personas alcohólicas para que se mantuviesen sobrios, con la creencia de que, si asociamos aquello que debemos cambiar con una mala consecuencia, dejaremos de hacerlo.

Los refuerzos

Aun así, hoy en día es comprobado que, en oposición a los refuerzos negativos, son mucho más efectivos los refuerzos positivos. Esto quiere decir: asociar lo que sí debemos hacer a un efecto agradable que permita crear mejores hábitos; lo cual es un método muy similar al utilizado en la educación de mascotas (lo cual asienta más la similitud de nosotros con cualquier especie, según el conductismo). Junto a otras técnicas, suele emplearse el refuerzo positivo para alterar la percepción ante ciertas situaciones y realizar una evaluación causa-efecto de todos los resultados.

Por esta razón, muchos han clasificado a la terapia cognitivo-conductual con opiniones tanto positivas, que varían desde su rentabilidad y objetividad; hasta algunas posturas más humanistas que la ven de forma negativa, afirmando que básicamente solo se cambia una conducta superficial sin llegar a modificar realmente el pensamiento, la emoción o aquello que causa dicha conducta: por lo que ésta sigue estando allí incluso reprimida y, en realidad, nunca cambia verdaderamente quiénes somos, puesto que no solo eres lo que piensas.

eres lo que piensas

Imagen del banco Pixabay, con edición posterior.

La esencia de la humanidad

A diferencia de la idea cognitivo-conductual, áreas más actuales de la psicología afirman que, a pesar de que formamos parte de un cúmulo cultural, existe en nosotros una particularidad propia; dándonos una visión más holística de quiénes somos y la forma en cómo nos desenvolvemos.

Las nuevas teorías dicen que incluso si cambiásemos de ambiente, nuestros rasgos originales se mantendrían a pesar de que intentemos forzarnos a actuar de modos distintos.

Ser nosotros mismos, pensar por nuestra cuenta; son palabras que abarcan todo un extenso significado que no solo se adscribe a un concepto, la individualidad es un amplio e incomprensible rompecabezas.

Dependemos de agentes externos, de creencias y paradigmas: por tanto, de cierta forma el conductismo nos ofrece una posibilidad de crear perspectivas más objetivas; pero la mente humana es tan compleja que se vuelve imposible descifrar qué ocurre allí. No solo eres lo que piensas, pues el conocimiento suele ser excesivamente subjetivo y apegado a un montón de aspectos que no son científicamente descriptibles.

“Su aplicabilidad [la del pensamiento] en muchos casos particulares termina por depender de lo que popularmente se denominan corazonadas o tener buen juicio”

(José del Grosso, 1993, p. 19)

Quizá entonces, nos convertimos poco a poco en una amalgama de interpretaciones, vivencias y contextos sociales que, bien dependan o no de nosotros, terminan por formar un pensamiento y un modo de accionar; que en líneas generales puede ser predecible, pero que se mantiene bajo la posibilidad de cambios realmente indeterminados y sorpresivos.

Aunque posiblemente somos un poco más moldeables e instintivos de lo que creemos, o de lo que verdaderamente aceptamos, hay algo allí que nos mantiene como individuos. Quizá nuestro pensamiento o contexto cambie, pero nuestra esencia permanece y siempre se deja ver entre las rendijas.

 

Bibliografía

Echeburúa, E. (1999). Avances en el tratamiento cognitivo conductual de los trastornos de personalidad. Analisis y Modificación de Conducta. Vol. 25 (Núm.102). P.586 – 614

Perez, M. (2006). La Terapia de Conducta de tercera generación. eduPsykhé. Vol. 5 (Núm.2). P. 159 – 172

Moix, J. (2006). Las Metaforas en la Psicología Cognitivo Conductual. Papeles del Psicólogo. Vol. 27 (Núm.2). P. 116 – 122

Del Grosso, J. (1993), Mente y Conducta, Venezuela, Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes.

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grecia celeste moreno

Soy una joven venezolana apasionada por el diseño, la imagen y la literatura como forma de expresión y comunicación, cuya carrera ha permitido generar en mí una constante búsqueda introspectiva, otorgándome la necesidad de desarrollar proyectos que generen un vínculo emocional empático e innovador a través de la constante investigación y profundo análisis filosófico y psicológico, apelando a la metáfora y la narrativa como formas de fortalecer los mensajes y crear conceptos sólidos.

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