los símbolos paganos de la navidad
Imagen tomada del banco de Pixabay, con edición posterior.
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Los seres humanos somos una amalgama de creencias que se han consolidado a través de los años como un tejido cultural en el que cada generación aporta una nueva franja; nos convertimos así en un extenso telar cargado de historias que van modificándose con el pasar del tiempo y cuyo origen se vuelve difuso a medida que es reformulado, por lo que aquello que actualmente nos consolida y en lo que firmemente sentamos las bases de nuestras vidas, es en realidad una pequeña rama que parte desde raíces que posiblemente son totalmente distintas a nuestras afirmaciones. Es esto, pues, lo que sucede con los símbolos paganos de la navidad; siendo las fiestas decembrinas un dogma sumamente arraigado en todo el mundo, cargadas de contenidos profundos e hilos enredados que hoy en día aportan todo un sistema de orden social.

Desde los inicios de la vida comunitaria, es menester la consolidación de un acuerdo (desde las pequeñas a las grandes decisiones) que establezca ciertas estructuras por las cuales los habitantes normalmente se rigen; dichos esquemas pueden llamarse bajo el nombre de valores, política, educación o un montón de términos más; sin embargo, entre los más poderosos encontramos la fe (no la religión, cabe destacar; sino la fe).
los símbolos paganos de la navidad

Imagen tomada del banco de Pixabay, con edición posterior.

«La fe mueve montañas”

Todos, absolutamente todos los seres humanos de este planeta creemos en algo. Más allá de lo que representa cualquier declaración nihilista, el hecho de manifestar no creer en nada te hace ser un fiel creyente de tus propias afirmaciones; pues la fe es una necesidad propia de cada individuo en su rol de vida, que no se adhiere a ninguna religión o paradigma particular.

Psicológicamente, necesitamos apoyarnos en algo que nos ayude a establecer una ruta por la cual orientar nuestras capacidades:

Necesitamos algo que nos sostenga en el vacío del lenguaje que nos prohíbe por ser, ser nosotros, o lo que ello signifique.

(Galindo. 2004. P.49)

Es así como a través de capas empíricas que percibimos desde que somos niños, vamos formando una concepción de lo que creemos verídico y nos afianzamos a ello para resolver cuestiones complejas de nuestro día a día o cuestionamientos de difícil respuesta. De este modo, creamos la plataforma para expresar nuestras opiniones e incluso hacer que otros se unan a ellas y las difundan; somos entonces creadores y a la vez resultados de un ciclo eterno de información y cultura.

Creer se convierte en algo relevante, pues es de allí de donde parte todo lo que conforma la historia humana, comenzando desde la mitología y su influencia en la sociedad, hasta grandes columnas como las de la religión; hecho que se ve muy marcado en la historia de los símbolos paganos de la navidad. Así, la mitología y la religión son cimientos en los que hallamos el apoyo emocional que nos hace sentir que somos parte de algo, siendo así creencias en las se transciende el nombre que se le asigne; pues al final el tema que realmente importa en este caso no es el título de aquello que nos inspira fe, sino la fe misma.

Lo relevante no es la existencia de Dios, sino cómo participa en la historia de la humanidad y qué papel tiene como estructurante social

(Galindo. 2004. P.38-39)

los símbolos paganos de la navidad

Imagen tomada del banco de Pixabay, con edición posterior.

Las Formas de la fe: navidad

La fe se expresa de maneras muy variadas, pues hay que considerar que cada persona la asocia con lo que le es más cercano.  Alrededor del mundo podemos encontrar una incuantificable cantidad de religiones y creencias que se dispersan y evolucionan de una forma tan rápida e intangible que nos es imposible definirlas; aun así, existen algunas bases consolidadas que están de cierta forma más establecidas socialmente y que fungen como uno de los mayores pilares del orden; entre ellas, el cristianismo.

Por supuesto, es importante resaltar que esto no es una afirmación de que los dogmas cristianos sean verídicos, pero el tiempo y un montón de sucesos históricos son la razón para que se hayan arraigado de una manera impresionante en la sociedad, llegando a formar tradiciones que penetran distintas culturas, tal como sucede con la navidad.

Niños, abuelos, adultos; personas de todas las edades, razas e idiomas disfrutan de la celebración decembrina de diversas formas, pues se ha convertido en una de las fiestas más populares que define un sello relevante para muchos, y que con los años va llenándose con nuevos significados. Es por ello que volver al origen es toparnos con un contexto totalmente distinto que nos permite dar un vistazo a una raíz cargada de ideas muy ligadas al mito, la fantasía y la magia: he aquí los símbolos paganos de la navidad, que hoy se viven bajo un estándar más moderno.

Es natural, por eso, que a medida que el tiempo corre el mito se va desarrollando y también se va haciendo más complejo y, en cierto sentido, más sofisticado

(Gómez Marín. 1977. P.102)

Comprender el significado de todo lo que actualmente creemos es complejo, pero nos ayuda a conocer un poco más de la verdadera fuente de nuestra identidad.

los símbolos paganos de la navidad

Mural con motivo de La Anunciación. Imagen tomada del banco de Pixabay, con edición posterior.

El origen de los símbolos paganos de la navidad

La tradición navideña parte de la etimología de la Natividad, lo natal; es decir, el nacimiento; nacimiento que es asociado popularmente a Jesús y su historia de vida, pero que contiene un significado mucho más antiguo y profundo.

Básicamente la idea de nacimiento (previo al establecimiento de las creencias cristianas y la fijación por el papa Julio I en el año 345d.C del 24 de diciembre como fecha especial), es referente (como la mayoría de los mitos y creencias de ese entonces), a la naturaleza, siendo esta fecha la perteneciente al ciclo de invierno que le asoció a la muerte y renovación de aquello que nos mantiene vivos y calientes; una crisis que da paso a un nuevo orden, una nueva oportunidad.

Por tanto, era vista por los babilonios, persas y asirios como un tributo a dioses como Marduk (dios protector de la vida), en el que se ofrecían sacrificios en su nombre con el fin de mantener una promesa de buenas cosechas para el año siguiente, pues era en ese momento cuando se procedía a recoger los frutos y descansar de las labores agrícolas, haciendo que todos los trabajadores pudieran reunirse para descansar y festejar.

Así, la comida no era algo que faltase y a ello se le sumaba la muerte de lo que se conoce como “chivo expiatorio”, una ofrenda vista como la manera de limpiar los pecados y limpiar los males del mundo; por lo que algunos investigadores deducen opiniones como la siguiente:

Los cristianos vieron en Cristo el “chivo expiatorio” que lavó los pecados de la humanidad y entonces Cristo se convirtió en parte de la fuerza con que su fe conquistó todo el Mediterráneo pagano.

(Barceló, 2007, P. no especificada)

No sabemos a ciencia cierta cada uno de los detalles de la evolución de sus costumbres, pero las migraciones y las conquistas sirvieron para expandir estas creencias hasta lugares como Grecia, y Roma, donde fueron conocidas como Sacaceas, y Saturnalias, respectivamente.

De la Saturnalia a la navidad

Durante años, las saturnalias fueron planificadas no solo siguiendo el estándar previo de las creencias de la renovación invernal, sino que se adaptaron a las fechas precisas en las que ocurría el solsticio, siendo el 25 de diciembre el punto más bajo del sol; lo que implicaba que, estando tan bajo, anunciaba que ascendería de nuevo (la idea de la renovación desde otro punto de vista). Este era entonces el momento de compartir, intercambiar frutas y augurar nuevos tiempos; tal cual una fiesta navideña cargada de cultos y festividades públicas al sol y su nacimiento.

Fue así como en Roma, tras el mandato de Constantino, las populares fiestas del “Sol Invictus” se transformaron en parte de una religión, y fueron tomando trozos de culturas distintas a las que las cruzadas y las acciones en la Edad Media afectaron; surgiendo de esta manera, por ejemplo, la idea del árbol de navidad (tomado de la fe vikinga en el Yggdrasil como árbol de la vida), para de esta forma hacer que los cambios en las personas no fueran tan difíciles de aceptar.

Posteriormente, una vez fijada la fecha tal cual se conoce, el cristianismo incorporó, aceptó y generó ideas diversas como la de los nacimientos vivientes. Y la sociedad a su alrededor también tomó otras como la de San Nicolás (cuyo origen no es del todo certero) para hacerlo parte del imaginario que conforman los símbolos paganos de la navidad, y que hasta cierto punto representaban un estatus social; ya que por ejemplo decorar un árbol se volvió una tradición simbólica de personas de la nobleza.

«The Ash Yggdrasil» (1886). Friedrich Wilhelm Heine. Imagen tomada de Wikipedia.

Navidad contemporánea

Tras la revolución industrial y la comercialización, se creó todo un mercado consumista alrededor de la estructura social; y la navidad se vio fuertemente influenciada por ello, pues si antes estas fechas eran de celebración pública, con la época de las máquinas se buscó propiciar el ambiente familiar, consiguiendo así un amplio mercado para productos de todo tipo.

En todo caso, para muchos, actualmente no sólo se trata de celebrar una tradición, sino de aprovechar al máximo sus ventajas, lo que trae consigo una serie de problemas registrados y comprobados que se ligan con afecciones al cambio climático debido a la tala de árboles (aproximadamente 2000 millones registrados desde 1971), consumo exagerado de plásticos, y un montón de cosas más; hasta la documentación de suicidios por depresión estacional.

Aun así, hay quienes todavía mantienen su corazón en las costumbres, pues incluso olvidando o desconociendo los símbolos paganos de la navidad, o saliendo del estándar de lo que implica el cristianismo, usan diciembre y sus celebraciones como una manera de cerrar ciclos y renovarse.

Entonces, cada uno decide creer en lo que su corazón le indique, pues independientemente de los significados implícitos, aunque sepamos que nada es lo que parece, preferimos seguir creyendo: decidimos seguir teniendo fe.

Recordemos que irónicamente en el pesebre, esa noche, no había ni un pino.

(Cabañas, Ávila, Vázquez. 2018. P.233)

Así pues, la metáfora que nos brindan los símbolos paganos de la navidad o de cualquier otra fecha, no indica precisamente algo verídico; tampoco algo bueno o algo malo, pero nos brinda una oportunidad de encender una vela y sostenernos dentro un paréntesis esperanzador que nos susurra que todo va a estar mejor.

Bibliografía

Barceló Quintal R. (2007). Una Historia De Larga Duración: La Navidad. Xihmai, Ejemplar dedicado a: Xihmai, Vol 2 (No. 4), pág. no especificada.

Gómez Marín J. (1977). Historia Sociológica de las Navidades, Tiempo de historia. Año III, n. 26 (1 en. 1977), p. 92-107

Galindo J. (2004). Las Cuestiones Religiosas y el Proyecto Psicológico, Iztacala. Vol. 7 (No. 3), p. 32-52

 Tovar Cabañas R. Ávila Sánchez M. Vázquez Espinoza S. (2018). HALAC – Historia Ambiental, Latinoamericana y Caribeña, V.8, (N.2), P. 210-233

Imagen tomada del banco de Pixabay, con edición posterior.

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grecia celeste moreno

Soy una joven venezolana apasionada por el diseño, la imagen y la literatura como forma de expresión y comunicación, cuya carrera ha permitido generar en mí una constante búsqueda introspectiva, otorgándome la necesidad de desarrollar proyectos que generen un vínculo emocional empático e innovador a través de la constante investigación y profundo análisis filosófico y psicológico, apelando a la metáfora y la narrativa como formas de fortalecer los mensajes y crear conceptos sólidos.

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